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martes, 20 de octubre de 2009

El extinto Convento de San Andrés de Monterrey










Con la llegada de los colonizadores al noreste de la Nueva España, vinieron también los misioneros franciscanos, responsables de la labor espiritual de la región. Con la fundación de Monterrey hecha por Diego de Montemayor en el año de 1596 se otorgó a la ciudad su jurisdicción espiritual en el curato de Saltillo. Años después y gracias a las labores promovidas por el padre Baldo Cortes, se autorizo de manera formal la llegada de los franciscanos fray Lorenzo González y Fray Martin de Altamira, quienes fundaron en 1602 el Convento Franciscano de San Andrés.

En 1612 debido a una inundación se fijó el traslado del Convento a su sede definitiva, la cual se extendía de la calle Melchor Ocampo (antes San Francisco), hasta los márgenes del río Santa Catarina; de oriente a poniente corría desde una pequeña calle que topaba con la plaza mayor, calle Guillermo Prieto (conocida como de Pedro Lecea) hasta la actual Mariano Escobedo. En el presente se localizaría en el espacio en que se ubican el Circulo Mercantil Mutualista, el Palacio Municipal y el Edifico Kalos.

El Convento Franciscano de San Andrés, fue el primer y único templo de la ciudad durante un tiempo considerable. Fundado con la misión de evangelizar a los naturales, en la práctica el convento se destacó por ser la sede donde la población acudía a cultivar su fe. Incluso muchos vecinos de la ciudad pedían ser enterrados en el cementerio del Convento.

A principios del siglo XIX este antiguo monumento entro en una etapa difícil. Sus funciones como un espacio dedicado a la fe católica se vieron trastocadas por la irrupción de tropas militares, así lo ejemplifican algunas correspondencias de frailes en 1821 y 1839. Esta acción por parte de las tropas se repite durante la invasión norteamericana y la invasión francesa.

Sin embargo el acto más perjudicial para el Convento fue la aplicación de la Ley Lerdo en el año de 1859. En base a dicha ley el entonces gobernador Vidaurri impulso el Decreto de octubre de 1860, el cual perpetuó la práctica del culto católico en el templo, pero autorizo la enajenación las habitaciones y patios del claustro, mismas que fueron destinadas para el establecimiento de escuelas gratuitas a cargo del ayuntamiento. La labor educativa en el Convento se prolongó al convertirse en la sede temporal del Colegio Civil en los años de 1864 a 1870.

Una vez desocupado el edificio cambió sus funciones, y en sus piezas se instaló una cárcel municipal que operó hasta finales de siglo. Las dificultades prosiguieron, y el interés creciente de las autoridades civiles para disponer del Convento, aunado al crecimiento urbanístico de la ciudad, ocasionaron en 1867 la petición de demolición del inmueble, por parte de la comisión de policía, aduciendo mejorar la traza urbana. El gobernador Jerónimo Treviño desistió autorizar la acción gracias a la petición y argumentos del obispo Francisco de Paula Verea en defensa dijo “de este monumento histórico y venerable”.


El siglo XX sería menos afortunado para el Convento, ya que, pese haber resistido la inundación de la ciudad en 1909, y ser poco después restaurado, el templo franciscano se convirtió en una víctima de la revolución mexicana. El suceso ocurrió cuando las fuerzas carrancistas llegaron a la ciudad en los meses de octubre de 1913 y abril de 1914, ocupando finalmente la plaza de Monterrey.

Entonces el general Antonio I. Villarreal fungió como gobernador provisional y una parte de las tropas carrancistas se hospedaron en el anexo del templo. El fin del edificio franciscano estaba cerca y en un acto arbitrario los constitucionalistas ejecutaron un ataque radical y lamentable: se dio la orden para demoler el Convento y templo de San Francisco hacia 1914. La versión oficial sugiere como responsable al gral. Villarreal, otras fuentes, al coronel Jesús Garza Siller, sin haberse aclarado aún quién fue el autor responsable.

Para fines de abril y mayo comenzaron los trabajos de demolición, las tropas sacaron las imágenes de los santos, y el confesionario y otros objetos fueron quemados. Poco a poco el templo fue destruido, pudiéndose salvar solo algunas reliquias como una escultura de Santo Domingo de Guzmán, la pila bautismal, una Viga, las Campanas y la Puerta principal, algunos de estos objetos se pueden observar en el museo del obispado.

Una vez desmantelado el edificio el gobierno no pudo disponer inmediatamente del terreno, sino hasta el año 1918 en que el presidente en turno lo cedió al ayuntamiento de Monterrey. Su silueta aparece en el escudo del estado de Nuevo León.

4 comentarios:

  1. Siempre vivirá en mi mente el anhelo de poder haber visto este convento en pie.
    Como siempre, la ignorancia, la ambición y la testosterona destruyeron un hito de la historia nuevoleonesa.
    Muy buen artículo, felicidades.

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  2. Por cierto, habría que realizar excavaciones arqueológicas en ese sitio. Estoy seguro de que se encontrarían muchas cosas de gran riqueza histórica.

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  3. y que paso con los cuerpos de las personas que fueron enterradas ahi? alguien sabe?

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  4. Los restos de Don Diego de Montemayor,de 1612. alguien sabe a donde se fueron.

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