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jueves 4 de febrero de 2010

EL PALACIO DEL OBISPADO DE MONTERREY


Situado en la Loma de Vera, el Palacio del Obispado es uno de los íconos arquitectónicos del noreste de México, y es además la construcción más antigua de la ciudad de Monterrey.

Hacia 1787 empieza a construir el Palacio del Obispado, o de nuestra señora de Guadalupe como también se le conoció, en la Loma de Vera localizada en ese entonces en las afueras de la ciudad al poniente de la misma. Esta construcción se proyectó sería la casa oficial del Obispo en turno.

En su edificación se utilizaron básicamente sillares muy grandes de extraordinaria calidad, procedentes de esta misma Loma. Según los documentos de la época, en tres años se terminó el obraje, con excepción de la cúpula que se concluyó hacia el año de 1797. Todo parece indicar que fue el propio obispo Verger quien se encargo del diseño del edificio, y que José Moriño Sotelo fuera el responsable de coordinar los trabajos que probablemente fueron realizados por canteros, talladores y otros magníficos artífices de origen tlaxcalteca, y su estilo corresponde al barroco europeo.

Tras el abandono del edificio por parte de la comunidad religiosa, el palacio, abandonado y falto de mantenimiento, fue utilizado como cuartel durante la época de la independencia, lo que provocó que se le agregaran cañones en 1816. El comandante realista Joaquín de Arredondo lo utilizó como base para combatir a las fuerzas insurgentes.

Durante la invasión norteamericana a Monterrey en 1846, los soldados mexicanos resistieron los embates de las brigadas del general John Worth, quien finalmente conquistó esta loma para la causa norteamericana el 22 de septiembre de ese año, dando pie así a la creación del lema popular que en ese tiempo cobró mucha fama: “quien controla el Obispado, controla la ciudad de Monterrey”.

Para agosto de 1888, fue declarado el edificio como propiedad federal instalándose así un hospital, en donde se atendió a los enfermos de fiebre amarilla durante la terrible epidemia que azotó a Monterrey a fines del siglo XIX e inicios del XX. En cuanto al terreno adyacente, éste fue enajenado por el gobierno estatal.

Durante el Porfiriato, las proximidades de la Loma del Obispado se convirtieron en un paseo público. Comenzaron entonces los planes para la rehabilitación del edificio. Sin embargo el estallido de la Revolución Mexicana, y su uso de sitio para la práctica de tiro al blanco por las fuerzas federales y los revolucionarios deterioraron más el inmueble. Aunado a ello, se instaló un cabaret en sus instalaciones durante los años siguientes promovido por las autoridades revolucionarias anticlericales.

Fue declarado monumento colonial el 8 de diciembre de 1932, pero estuvo varios años sin uso definido, hasta que se restauró en la década de 1950 con la intención de instalar ahí el Museo Regional de Historia de Nuevo León, el cual fue inaugurado el 20 de septiembre de 1956, labor que aun desempeña en beneficio de las familias regiomontanas.

miércoles 27 de enero de 2010

EL DÍA EN QUE EL NUEVO REINO DE LEÓN FUE INDEPENDIENTE


Hoy hace 199 años entró a la ciudad el insurgente Mariano Jímenez, lugarteniente de Miguel Hidalgo para promover en estas tierras regias la independencia nacional. Residió aproximadamente un mes hasta que tuvo que abandonar la ciudad para unirse al cura Hidalgo y a Ignacio Allende en la villa del Saltillo. Pero ¿quién era este enigmático personaje que de pronto llegó a iluminar estas regiones con el grito de libertad?.


Nació en la ciudad de San Luis Potosí el 18 de agosto de 1781. Se gradúo como ingeniero en minas en el Colegio de Minería de México en el año de 1804, estableciéndose posteriormente en la ciudad de Guanajuato, se dedicó al ejercicio de su profesión donde estuvo al tanto de los brotes del movimiento insurgente encabezado por el cura Miguel Hidalgo, presentándosele a éste después de la toma de la Alhóndiga de Granaditas.


Sus méritos, su disciplina y su lealtad le valieron un rápido ascenso. A principios de octubre ostentaba el grado de coronel y para finales de ese mismo mes había ganado ya el de teniente coronel. La victoria que las fuerzas insurgentes obtuvieron en el Monte de las Cruces se debió, en mucho, a la dedicación y los conocimientos que Jiménez desarrollo por su profesión de ingeniero. Por órdenes de Hidalgo, Mariano Jiménez viajó a la ciudad de México en misión pacífica, para solicitar al Virrey la entrega de la capital al movimiento independentista, pero lo único tuvo en respuesta fue la amenaza de repelerlo violentamente si no se retiraba.

Participó en las acciones de armas Aculco y en la defensa de Guanajuato junto a Ignacio Allende y Juan Aldama. Tras sumar méritos militares, ascendió a capitán general. Fue comisionado para extender la rebelión en las Provincias Internas de Oriente, de las cuales formaba parte el Nuevo Reino de León. Tras haber derrotado a Cordero en Aguanueva y a Ochoa en el puerto del Carnero, entró a la ciudad de Monterrey el 26 de enero de 1811 entre vítores y vivas de los habitantes de esta ciudad. Una vez instalado en estas tierras proclamó la independencia del Nuevo Reino de León y formó un gobierno autónomo a la corona española nombrando a José Santiago Villarreal gobernador de la provincia.

Enterado de la derrota de Hidalgo y Allende en Puente Calderón, cerca de Guadalajara, Jiménez se reunió con los demás hombres del movimiento en la ciudad de Saltillo en marzo de 1811 y con ellos se dirigió rumbo a Estados Unidos, según el plan trazado. Tras un breve peregrinar por los caminos desérticos de Coahuila, fueron sorprendidos en las norias de Acatita de Baján, cerca de Monclova por tropa de Ignacio Elizondo, un militar que había simpatizado meses antes con el proyecto insurgente. Trasladados a la ciudad de Chihuahua, Mariano Jiménez fue pasado por las armas el 26 de julio de 1811. Su cabeza, junto a la de Hidalgo, Allende y Aldama estuvo expuesta en la Alhóndiga de Granaditas en una jaula a manera de advertencia de la autoridades virreinales hacia los adeptos a la causa insurgente hasta 1821. Su cuerpo fue sepultado en el cementerio de la Tercera Orden de San Francisco en la ciudad de Chihuahua inmediatamente después de ser fusilado, para posteriormente ser llevado a la Catedral Metropolitana de la ciudad de México en 1824, y ser actualmente su destino final la Columna del Ángel de la Independencia, lugar en donde se honran a los héroes nacionales.


lunes 11 de enero de 2010

El primer gran proyecto industrial regiomontano: la Cervecería Cuauhtémoc

Por causa de los últimos sucesos relacionados a la venta de FEMSA cerveza a la empresa holandesa Heineken, me propuse comentar con ustedes los orígenes de este gigante cervecero de México.

Para el año de 1889, la ciudad de Monterrey vivía dentro de la vorágine del desarrollo, el orden, la paz y el progreso, sellos característicos del gobierno del presidente Porfirio Díaz. Las condiciones económicas y políticas se presentaron en Nuevo León para la creación de grandes industrias. Dos leyes emitidas por el gobierno del estado le abrían las puertas a la etapa de la industrialización regiomontana. La primera del 21 de diciembre de 1888 en la cual determinaba que los giros industriales, con capital mayor a mil pesos, quedarían exentos de pagar impuesto; la segunda, firmada por el gobernador Bernardo Reyes el 22 de noviembre de 1889, concedía exención de alcabalas municipales y estatales hasta por veinte años a las obras de utilidad pública, en las cuales quedaban incluidas las industrias.


Uno de los empresarios más prósperos de la ciudad, José Calderón Penilla, había establecido en la ciudad su fábrica de cerveza llamada “El León”, la cual funcionaba desde el año de 1886 de manera constante. Además dejó constituida en 1887 la sociedad mercantil “José Calderón y Cía.” junto a su amigo Isaac Garza y cuñado José A. Muguerza para seguir ejerciendo la actividad comercial en todas las ramas.


En ese tiempo el señor Calderón planificó con el célebre maestro cervecero José María Schnaider (hijo del fundador de la cervecería de ese mismo nombre), el establecimiento de una gran y nueva fábrica cervecera en la ciudad. La experiencia de Schnaider y la habilidad comercial de Calderón y Compañía, vaticinaban un éxito total de la sociedad. Corría el año de 1889 y la Casa Comercial “Calderón” era la distribuidora para el norte del país de la famosa cerveza Schnaider, producida en San Luis Missouri.


De esta manera comenzaron a reunirse en las oficinas de la Casa Calderón, sitas entre las calles de Padre Mier y Galeana, José Calderón y Penilla, Isaac Garza, José A. Muguerza y José María Schnaider para planear el establecimiento de una innovadora planta cervecera que supliera las necesidades comerciales en Monterrey y sus áreas circunvecinas.


Las primeras oficinas de la Cervecería Cuauhtémoc estuvieron ubicadas en la Casa Comercial Calderón de la calle Padre Mier #88 en el centro de Monterrey, encabezando el proyecto los integrantes de la sociedad mercantil denominada José Calderón y Cía. (José Calderón Penilla, Isaac Garza y José A. Muguerza) y el maestro cervecero José María Schnaider. Desgraciadamente, la muerte sorprendió a José Calderón Penilla el 25 de marzo de 1889 a la edad de 46 años.


Un año después de su muerte, el sueño del empresario regiomontano José Calderón Penilla se hizo realidad. El 8 de noviembre de 1890 sus amigos y compañeros de aventura Joseph María Schnaider, Isaac Garza, José A. Muguerza y Francisco G. Sada, vecino de Saltillo, firman la escritura por la cual crean una compañía anónima con el objeto de establecer y explotar una fábrica de cerveza llamada “Cuauhtémoc”. Finalmente, el gran proyecto gestado en la Casa Calderón dio a luz.

Las instalaciones de la Cervecería Cuauhtémoc se ubicaron al norte de la ciudad, por la salida a Laredo, y se convirtió, por muchos años, en la insignia de la ciudad al ser la primera gran industria establecida en Monterrey a finales del siglo XIX y ser fuente de trabajo para miles de familias mexicanas. Desde noviembre de 1890 hasta enero 2010, han transcurrido 120 años de tradición, expansión comercial y pujanza de una empresa que comenzó con el sueño de unos pocos buenos hijos de estas tierras regias.


jueves 7 de enero de 2010

PIÑATAS Y MÁS PIÑATAS!

La piñata es un elemento fundamental en las celebraciones decembrinas y cumpleaños en nuestro país, y en general en esta aldea global llamada planeta tierra. Según la raíz latina de la palabra (pignatta) significa "olla frágil".


Los historiadores refieren que el explorador veneciano Marco Polo en su viaje por tierras orientales (específicamente a China) en el siglo XIII vio como creaban figuras coloridas de papel para los festejos del año nuevo chino. Todo parece indicar que fue él el que llevó esta inovación decorativa a Europa.

Su primer uso dentro de las festividades occidentales fue en la celebración de cuaresma, cuando los pueblos cristianos europeos comenzaron a festejar el domingo de resurección, quebrando prtecisamente una olla de barro que simbolizaba al diablo derrotado por Jesucristo en la cruz del calvario y por su resurreción de entre los muertos.

A tierras americanas llegó esta festividad por medio de los misioneros católicos, quienes a través de este medio lograron atraer feligreses, sobre todo indígenas, a las celebraciones cristianas. Años después, la piñata dejo de ser una atracción propiamente religiosa, y se convirtió en el centro de los festejos de los cumpleaños y fiestas onomásticas.

La forma original de una piñata estaba constituida de siete picos, los cuales significaban los siete pecados capitales. La destrucción de la misma siginifica el fin del mal y el triunfo de Dios. Asimismo, la piñata también ha evolucionado en su forma, dejando atrás su aspecto redondo como de olla, y ha tomado, en la actualidad, diversas figuras de personajes infantiles.

miércoles 9 de diciembre de 2009

La tradición del árbol de Navidad

En estas fechas tan importantes, el árbol de navidad es un artículo obligado dentro de las tradiciones cristianas de occidente. En nuestra sociedad es centro de tradición familiar e icono de las festividades navideñas. Pero tal vez ustedes se preguntarán ¿de donde viene esta tradición?, ¿quién, como y donde lo comenzaron a utilizar?.


Haciendo un poco de historia, el árbol de la navidad se remonta a sus orígenes en las creencias de las tribus germanas (alemanas), cuando afirmaban que un árbol gigantesco sostenía al mundo y que en sus ramas estaban sostenidas las estrellas, el sol y la luna.


Otras explicaciones refieren que el árbol es símbolo de vida, al no perder su follaje verde en el crudo invierno europeo. En países como Suecia y Noruega (al norte de Europa), los habitantes de de estas regiones cortaban algunas ramas y las decoraban con pan, fruta y adornos brillantes para alegrar la vida de su familia mientras pasaba la temporada más fría del invierno.

Además, el árbol fue un elemento de culto entre las tribus nórdicas, los druidas y las culturas mesoamericanas. Según las tradiciones de estos grupos se reunían alrededor de estos árboles que se consideraban sagrados para entrar en comunión con sus dioses.El cristianismo occidental absorbió la tradición del árbol cuando los primeros misioneros cristianos llegaron al norte de Europa, descubriendo que sus habitantes celebraban el nacimiento de Frey, dios del Sol y la fertilidad, adornando un árbol perenne, en la fecha próxima a la navidad cristiana.

La tradición cristiana apunta a que san Bonifacio (680-754), evangelizador de Alemania, tomó un hacha y cortó un árbol dedicado a dioses nórdicos, y en su lugar plantó un pino, que por ser perenne, simbolizó el amor de Dios, adornándolo con manzanas y velas. Las manzanas simbolizaban el pecado original y las tentaciones, mientras que las velas representaban la luz de Jesucristo como luz del mundo. Conforme pasó el tiempo, las manzanas y las luces, se transformaron en esferas y otros adornos.

Siglos después, el reformista Martín Lutero introdujo esta costumbre al adornar con manzanas un árbol para tratar de explicar los dones que los hombres recibieron con el nacimiento de Jesucristo. Los reyes de Inglaterra introdujeron, en el siglo 19, el árbol de navidad en esta nación. Los inmigrantes alemanes lo llevaron a Estados Unidos durante el siglo XVIII, donde en la actualidad se producen más de 35 millones al año. A México llegó esta bella tradición durante el siglo XIX, ya que hay datos de que alemanes y austriacos residentes en el país durante la intervención francesa (1863-1867) trajeron esa costumbre a tierras mexicanas.

A manera de simbolismo, el árbol de la navidad se asocia con el árbol de la vida, que lucía en medio en medio del Jardín del Edén y después de la caída desaparece; la fruta y las decoraciones nos recuerdan las gracias y dones que el hombre tenía cuando vivía en el Paraíso en completa amistad Dios. Por el nacimiento de Cristo, los hombres renacen y tienen acceso a la plenitud de la vida. El árbol de navidad representa el haber recobrado dichos dones gracias al sacrificio de Jesucristo. Los adornos del árbol y las luces que se encienden representan el nuevo estado paradisíaco que el amor de Cristo nos prepara.

Reciban un saludo de su servidor y amigo, deseando que la paz y la bendición de Dios llegue a sus vidas y familias. Feliz Navidad y que las bendiciones de lo Alto lleguen a sus manos (Gálatas 2:20).

martes 20 de octubre de 2009

El extinto Convento de San Andrés de Monterrey










Con la llegada de los colonizadores al noreste de la Nueva España, vinieron también los misioneros franciscanos, responsables de la labor espiritual de la región. Con la fundación de Monterrey hecha por Diego de Montemayor en el año de 1596 se otorgó a la ciudad su jurisdicción espiritual en el curato de Saltillo. Años después y gracias a las labores promovidas por el padre Baldo Cortes, se autorizo de manera formal la llegada de los franciscanos fray Lorenzo González y Fray Martin de Altamira, quienes fundaron en 1602 el Convento Franciscano de San Andrés.

En 1612 debido a una inundación se fijó el traslado del Convento a su sede definitiva, la cual se extendía de la calle Melchor Ocampo (antes San Francisco), hasta los márgenes del río Santa Catarina; de oriente a poniente corría desde una pequeña calle que topaba con la plaza mayor, calle Guillermo Prieto (conocida como de Pedro Lecea) hasta la actual Mariano Escobedo. En el presente se localizaría en el espacio en que se ubican el Circulo Mercantil Mutualista, el Palacio Municipal y el Edifico Kalos.

El Convento Franciscano de San Andrés, fue el primer y único templo de la ciudad durante un tiempo considerable. Fundado con la misión de evangelizar a los naturales, en la práctica el convento se destacó por ser la sede donde la población acudía a cultivar su fe. Incluso muchos vecinos de la ciudad pedían ser enterrados en el cementerio del Convento.

A principios del siglo XIX este antiguo monumento entro en una etapa difícil. Sus funciones como un espacio dedicado a la fe católica se vieron trastocadas por la irrupción de tropas militares, así lo ejemplifican algunas correspondencias de frailes en 1821 y 1839. Esta acción por parte de las tropas se repite durante la invasión norteamericana y la invasión francesa.

Sin embargo el acto más perjudicial para el Convento fue la aplicación de la Ley Lerdo en el año de 1859. En base a dicha ley el entonces gobernador Vidaurri impulso el Decreto de octubre de 1860, el cual perpetuó la práctica del culto católico en el templo, pero autorizo la enajenación las habitaciones y patios del claustro, mismas que fueron destinadas para el establecimiento de escuelas gratuitas a cargo del ayuntamiento. La labor educativa en el Convento se prolongó al convertirse en la sede temporal del Colegio Civil en los años de 1864 a 1870.

Una vez desocupado el edificio cambió sus funciones, y en sus piezas se instaló una cárcel municipal que operó hasta finales de siglo. Las dificultades prosiguieron, y el interés creciente de las autoridades civiles para disponer del Convento, aunado al crecimiento urbanístico de la ciudad, ocasionaron en 1867 la petición de demolición del inmueble, por parte de la comisión de policía, aduciendo mejorar la traza urbana. El gobernador Jerónimo Treviño desistió autorizar la acción gracias a la petición y argumentos del obispo Francisco de Paula Verea en defensa dijo “de este monumento histórico y venerable”.


El siglo XX sería menos afortunado para el Convento, ya que, pese haber resistido la inundación de la ciudad en 1909, y ser poco después restaurado, el templo franciscano se convirtió en una víctima de la revolución mexicana. El suceso ocurrió cuando las fuerzas carrancistas llegaron a la ciudad en los meses de octubre de 1913 y abril de 1914, ocupando finalmente la plaza de Monterrey.

Entonces el general Antonio I. Villarreal fungió como gobernador provisional y una parte de las tropas carrancistas se hospedaron en el anexo del templo. El fin del edificio franciscano estaba cerca y en un acto arbitrario los constitucionalistas ejecutaron un ataque radical y lamentable: se dio la orden para demoler el Convento y templo de San Francisco hacia 1914. La versión oficial sugiere como responsable al gral. Villarreal, otras fuentes, al coronel Jesús Garza Siller, sin haberse aclarado aún quién fue el autor responsable.

Para fines de abril y mayo comenzaron los trabajos de demolición, las tropas sacaron las imágenes de los santos, y el confesionario y otros objetos fueron quemados. Poco a poco el templo fue destruido, pudiéndose salvar solo algunas reliquias como una escultura de Santo Domingo de Guzmán, la pila bautismal, una Viga, las Campanas y la Puerta principal, algunos de estos objetos se pueden observar en el museo del obispado.

Una vez desmantelado el edificio el gobierno no pudo disponer inmediatamente del terreno, sino hasta el año 1918 en que el presidente en turno lo cedió al ayuntamiento de Monterrey. Su silueta aparece en el escudo del estado de Nuevo León.

martes 4 de agosto de 2009

Carta de fundación de la ciudad de Monterrey



La carta de fundación de la Ciudad Metropolitana de Nuestra Señora de Monterrey, está fechada el 20 de septiembre de 1596, dictada por el capitán Diego de Montemayor (fundador de la misma), y firmada por el escribano Diego Díaz de Berlanga. Este importante documento que sustenta su validez en las Ordenanzas para la fundación de pueblos, villas y ciudades en territorio de dominio español, relata la situación geográfica de estas tierras regias, y establece la conformación de un Cabildo que rija a la nueva ciudad. La trascripción es tomada del libro Actas de Cabildo Volumen 1, ya que el documento original no se encuentra dentro del Acervo. Se presenta la imagen del documento que contiene un traslado de la carta de fundación original realizado en 1638 por el escribano Juan de Ábrego.




Transcripción
“En el nombre de Dios Todopoderoso y de la gloriosa y bienaventurada Santa María siempre Virgen y Madre de Dios y Señora Nuestra. Sepan cuantos este público instrumento carta de fundación [vieren] cómo yo, Diego de Montemayor tesorero de la Real Hacienda de este Nuevo Reyno de León, teniente de gobernador y capitán general para la reedificación de él por el rey nuestro señor, atento a las causas y razones expresadas sobre la venida a este valle de Extremadura y reyno para su población y pacificación de los naturales de él, con intento que el santo evangelio se propague y los reynos y señoríos de Su Majestad y su real patrimonio sea acrecentado, el cual motivo y celo es el mío y me mueve para este efecto y prosecución de lo cual en las comodidades que este valle de Extremadura, comarca y puesto donde estoy con los vecinos y pobladores que conmigo han venido con todo el avío necesario para la dicha población y teniendo más aprovechamiento, que en él y en su contorno hay y puede haber y ser puesto y lugar apacible, sano y de buen temple y buenos aires y aguas y muchos árboles frutales de nogales y otras frutas y haber como hay muchos montes y pastos, ríos y ojos de agua manantiales y muchas tierras para labores de pan coger y muchas minas de plata que en su comarca hay de tres, diez y quince leguas a la redonda y sitios para ganados mayores y menores y otros muchos aprovechamientos, demás de los muchos naturales que voy trayendo de paz y a obediencia de Su Majestad, para su congregación y asiento y enseñanza de la santa fe católica y así por ésto, como por estar este lugar en buen medio para el viaje y trato del puerto de Tampico, que hay setenta leguas camino de carretas y lo mismo a la ciudad de Zacatecas y otras partes y salida para las poblaciones que se hubieren de hacer en este reyno la tierra adentro, de donde forzoso se ha de salir y surgir y pasar por los dichos tratos y lo más que dicho es, es apropiado y como tal ha de estar la real caja con los reales oficiales, para cobrar los haberes y quintos que a Su Majestad les pertenecieren y siendo así como lo es, cabecera de todo este reyno por lo que dicho es por la presente, en nombre de la majestad real del rey don Felipe nuestro señor, hago fundación de ciudad metropolitana junto a un monte grande y ojos de agua que llaman de Santa Lucía, tomando por advocación de ella a la Virgen Madre de Dios Señora Nuestra, que la iglesia mayor sea su advocación de su Santa y Limpia Concepción y Anunciación, a la cual imploro como patrona y señora nuestra para conseguir con la gracia y amor de su hijo benditísimo, el celo y obra que se pretende y se ha de intitular e intitule la Ciudad de Nuestra Señora de Monterrey y le nombro con todo el derecho y estabilidad y firmeza que en las demás ciudades metrópolis, que en los reynos de Su Majestad están fechas y pobladadas, con todas honras y privilegios y exenciones que se conceden por sus reales ordenanzas a estas nuevas poblaciones y especial a la de este reyno, que he aquí por expresadas y puestas, para que según dicho es goce de ellas, la cual ciudad le doy entera jurisdicción civil y criminal, mero mixto imperio, para todas las causas y cosas civiles y criminales que en ella y en el dicho su término sucedieren y acaecieren y lo juzgar y determinar definitivamente y llevar las sentencias a debida ejecución, guardando las leyes y ordenanzas de Su Majestad que sobre ello hablan y le doy jurisdicción y término quince leguas hacia oriente y otras quince hacia poniente y de norte a sur lo mismo en cuadro por la misma suerte y todo lo que en el dicho término y jurisdicción se poblare, así de minas como villas sea sujeto a ella en cuanto a las apelaciones y a lo demás que conviniere conforme a las ordenanzas que sobre ello hay y más le doy de ejidos una legua en redondo y por dehesa boyal le señalo desde la ciudad para arriba lo que dice del río de Santa Catarina, sacado el dicho río para las labores del Topo, lo que de acequia principal para arriba y hacia la sierra de las Mitras, como vamos hacia la Mitras y por el dicho río a mano derecha, lo que le perteneciere y porque en la Ordenanzas de Nuevas Poblaciones que se concedieron y dio Su Majestad a este reyno en el número cuarenta y tres, dice que nombrado ciudad metropolitana, se nombre el concejo y regimiento de los oficiales que se requieren y señala y atento a que al presente no hay gente suficiente de españoles, para el señalamiento de dicho concejo hasta adelante, Dios mediante que haya más comodidad, dejando su derecho a salvo para cada que la haya, use de su facultad conforme en ella se contiene como tal ciudad metropolitana, tan solamente al presente para la administración de justicia, concejo y cabildo que ha de haber en esta población, nombro a vos Alonso de Barreda y a Pedro Iñigo por alcaldes ordinarios y a Juan Pérez de los Ríos y Diego Díaz de Berlanga y a Diego Maldonado, por regidores y a Diego de Montemayor por procurador general de este reyno y a Diego Díaz de Berlanga por escribano de cabildo; y el dicho procurador general pueda tener y tenga voto en cabildo, a los cuales y a cada uno de ellos les doy entero poder y facultad en nombre de Su Majestad, para que este presente año de noventa y seis usen y ejerzan el dicho oficio de Cabildo, Concejo, justicia y regimiento de ella y que a fin de él y principio del año venidero, el primero día nombren y elijan ellos para el año siguiente dos alcaldes ordinarios y cuatro regidores y los demás oficiales a la dicha república necesarios y aquéllos mismos hagan la misma elección para el otro año, así sucesivamente durante todo el tiempo que la dicha ciudad permaneciere, con el aditamento que atrás se refiere, que habiendo comodidad suficiente se nombre concejo con los oficiales, que como a tal ciudad metropolitana le compete por la concesión que Su majestad por sus reales ordenanzas concede, al cual dicho concejo y cabildo de la dicha ciudad que es o fuere, le doy el dicho poder en el dicho real nombre, cuan bastante de derecho requiere, con declaración que los oficiales de la real hacienda tengan ellos y cualquier de ellos, voto en el dicho Cabildo y Concejo; Item, que lo que toca en el señalamiento de la dicha dehesa boyal no se pueda dentro de él dar ni tomar estancia de labor ni de ganado y que en todo se guarden las ordenanzas que sobre esto hay y asimismo en cuanto a la jurisdicción de los alcaldes ordinarios, guarden lo que Su Majestad les ha dado en toda la Nueva España y no más y no se exceda de ella, sino que se guarde y cumpla como Su real Majestad lo manda y ellos y los demás oficiales gocen de las demás mercedes y exenciones que a los tales les concede y asimismo que las mercedes que se hicieren de sitios y otras cosas dentro de la dicha dehesa boyal y ejidos, sean sin perjuicio de esta república. E yo el dicho teniente de gobernador y capitán general, en nombre del rey nuestro señor y en virtud del poder que tiene, hacía y hizo fundación de la dicha Ciudad de Nuestra Señora de Monterrey e pido y suplico a la majestad del rey nuestro señor sea servido de confirmarla, para que con más ánimo sus vasallos se animen a poblar y fundar debajo de su real corona otros reynos y ciudades, que mediante el favor de Dios se espera descubrir y poblar y en fe y testimonio de verdad, lo otorgué y fundé en el valle de Extremadura, ojos de Santa Lucía, jurisdicción del Nuevo Reyno de León, en veinte días del mes de septiembre de mil y quinientos y noventa y seis y lo firmé de mi nombre con el presente escribano. Testigos: Domingo Manuel, Juan López, Diego de Montemayor, Miguel de Montemayor, y el alcalde Alonso de Barreda.



Diego de Montemayor Ante mí, Diego Díaz de Berlanga, escribano de Cabildo*



* Trascripción citada del libro “Actas del Ayuntamiento de Monterrey”, coordinador Israel Cavazos Garza, R. Ayuntamiento de Monterrey, 2ª Edición, 2004, Monterrey, p. 1-4